Fue
un viernes 11 de enero, lo recuerdo bien, Íba con mis amigos Richie y Migue.
Ese día fuimos a buscar trabajo no íbamos con la ropa adecuada, pues los tres vestíamos
con pantalón de mezclilla y playera. Habíamos recorrido Lomas de Sotelo,
Polanco y Sevilla, después de dejar algunas solicitudes de empleo. Decidimos ir
al Bosque de Chapultepec para almorzar, pero antes, nos dirigimos a comprar un
refresco al Oxxo. Después de almorzar fuimos a varias entrevistas
de trabajo, donde nos dijeron que nos llamarían.
Después
de varias entrevistas. Decidimos pasear por el Centro Histórico. Llegamos a
Santo Domingo, donde un hombre nos ofreció tramitar documentación falsa y
susurrando nos dijo: "Motita motita", lo cual nos dio un poco de
risa. Decidimos ir al Museo de Diego Rivera y el Museo de la
Luz, donde vimos una película titulada, Chocolate, después fuimos a la
Ciudadela, y caminamos hacia Balderas.
Después
de caminar, por un largo tiempo. Decidimos ir por una amiga llamada, Sol , a la Universidad
Mexicana, pero antes de eso, comeríamos una torta fuera del metro Balderas. Estábamos
muy cansados y con sed, ya que caminamos la mayor parte del tiempo, puesto
que, no llevábamos mucho dinero.
Nos detuvimos en el puesto de tortas, pero antes de elegir una, debíamos contar cuánto dinero traíamos entre los tres, por lo que cada uno sacó el cambio que traía. Apenas logramos reunir 35 pesos libres de pasaje, nos faltaba para el refresco. Mientras contábamos el dinero una señora que comía en ese puesto, nos miraba raro, de repente se me acercó, y asustada tomé mi mochila;
Nos detuvimos en el puesto de tortas, pero antes de elegir una, debíamos contar cuánto dinero traíamos entre los tres, por lo que cada uno sacó el cambio que traía. Apenas logramos reunir 35 pesos libres de pasaje, nos faltaba para el refresco. Mientras contábamos el dinero una señora que comía en ese puesto, nos miraba raro, de repente se me acercó, y asustada tomé mi mochila;
-No
se ofenden si les regalos 10 pesos para su refresco.
Dijo,
amablemente la señora mientras sacaba una moneda de su bolsillo
-No
señora gracias si nos alcanza.
Le
contesté muy apenada.
-¡Si
muchachos para su refresco!
Dijo
felizmente, dejando la moneda sobre la mesa.
-Gracias.
Dijimos
apenados, mientras la señora se iba rápidamente.
-¡A
fuerza ya témenos para nuestro refresco que buena onda de la señora!
Dijo
Richie, mientras tomaba la moneda.
Después
de comer y muy contentos y agradecidos con la señora seguimos nuestro camino.
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